Un golpe en marcha vs un pueblo “de todas las sangres” que resiste y se organiza para defender la democracia

Han pasado 16 días desde la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en el Perú, pero pareciera como si fueran varios meses. Lo cierto es que la situación es cada vez más tensa y la violencia verbal y escrita se ha radicalizado. Por ejemplo, un trabajador de Latam Perú, Percy Luzio Ruiz, que es además asesor del evento Miss Perú, sugiere “tirar ácido en la cara” a una congresista electa. La polarización política de la sociedad se disparó. En los whatsapp circula todo tipo de fake news, desde que el actual presidente Francisco Sagasti es comunista, hasta que el fiscal, José Domingo Pérez, es hijo de Abimael Guzmán (fundador y máximo líder de sendero luminoso) y por eso persigue a Keiko. El país se encuentra en medio de una verdadera avalancha mediática psicosocial, desatada por Fuerza Popular.

¿Cuál es el objetivo de todo esto? demoler moralmente a la gente, confundirla. Puede parecer incomprensible, pero lo han logrado en ciertos sectores de la población que creen todos los fakenews que circulan en whatsapp o que difunden una gran mayoría de medios de comunicación, siendo el más notorio Willax TV (canal peruano de televisión abierta que pertenece al empresario fujimorista Erasmo Wong). En ese contexto, la verdad no es lo que importa, lo prioritario es combatir el comunismo; y pobre de aquel que se atreva a negar algo sobre esta conspiración en marcha, de inmediato es señalado como un aliado del terrorismo. Es la política del “todo vale”.

Lo cierto es que ni Francisco Sagasti es comunista, ni Pedro Castillo va a poner bombas o, lo último de lo último, que el fraude no solo se dio en la segunda vuelta sino también en la primera. Como podemos constatar, Keiko Fujimori no se detiene y su meta ahora es radicalizar no solamente su entorno sino a sus votantes. Es la última estratagema que le queda. La primera fue pedir el recuento de actas impugnadas, como eso no funcionó pidió reconsiderar y anular cientos de miles de votos, pero ese intento también fracasó. ¿Qué le queda como última salida? Lograr que se anule la elección y empezar nuevamente todo.

Nada detiene a la candidata de Fuerza Popular Keiko Fujimori que, pese a que es acusada de encabezar una organización criminal, cuenta con el apoyo y complicidad de los medios, de la familia Miroquesada (uno de los grupos empresariales más poderosos del país), del empresario Erasmo Wong (dueño de Willax TV y padre de los fake news) y de los estudios de abogados más grandes de Lima. Poco les importa a todos estos sectores si el ataque final que quiere imponer Keiko es contra la democracia y todas sus instituciones.

Lo terrible para el fujimorismo, es que organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Unión Interamericana de Organismos Electorales (UNIORE), reconocen que el proceso electoral fue organizado de manera correcta y exitosa, de acuerdo con los estándares nacionales e internacionales. Lo mismo en cuanto a la prensa internacional prestigiosa y especializada como The Economist que ha publicado artículos sobre lo que será el gobierno de Castillo, reconociendo tácitamente su triunfo. Es más, para la prensa internacional la estrategia que está implementando Keiko es la misma que empleó Trump, es decir, una estrategia esencialmente antidemocrática.

Y si, el ataque a la democracia es real y aunque ésta está aguantando, el fujimorismo no da tregua y cambia de estrategia cada dos días. Como diría Marco Sifuentes, “nuestra democracia es débil, ya no aguanta más, ha sido rociada de gasolina por Fuerza Popular.

Cabe subrayar que la anulación de las elecciones es una imposibilidad legal. Esta solo sería posible si dos tercios de todos los votos son nulos. En cuanto al fraude, Political Analysis afirma que no hay evidencia suficiente para rechazar la hipótesis de unas elecciones limpias, es decir, no hubo fraude.

¿Qué queda por hacer? Tratar de ganarse a esos peruanos y peruanas de buena fe que, aunque votaron por el fujimorismo, lo hicieron pensando que era una opción democrática. Ese sector no quiere más polarización electoral que lo único que está logrando es ampliar las brechas entre la capital y las regiones del Perú. De hecho, ese sector ha comenzado a cuestionar el comportamiento tan antidemocrático, clasista y violento del fujimorismo.

Y para muestra, un botón, según la investigación del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), realizada para el periódico La República:

  • el 66% de los peruanos piensa que Castillo ganó la elección mientras que el 25% piensa que fue Keiko Fujimori.
  • Más de dos tercios del país (69%) desaprueba la actuación de Keiko Fujimori luego de los comicios y más de la mitad piensa que sus denuncias sobre los resultados no tienen razón y son una estrategia para no reconocerlos.

La movilización social es también una de las manifestaciones que se están haciendo en defensa de la victoria electoral de Pedro Castillo. De hecho, el sábado 19 de junio, en la Plaza Dos de Mayo, se reunieron todas las fuerzas democráticas que rechazan el golpe que está tratando de hacer Keiko Fujimori. Fue una marcha multitudinaria, diversa y pluricultural, que contó con la presencia de todas las regiones, de ese Perú de “todas las sangres” que se hacía presente para defender su voto y la victoria de todas las peruanas y peruanos que quieren un Perú donde todos nos reconozcamos y podamos contribuir.


Maria Tegui – Internacionalista peruana

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