Cuba, la solidaridad es urgente

Como anunciábamos en columna anterior, las consecuencias del bloqueo económico y financiero
definido por el Congreso de Estados Unidos contra Cuba, caen directamente sobre todo su pueblo.
El país que en relación con su población tiene uno de los más altos números de profesionales, fue
obligado a vivir del turismo, el cual se ha reducido a mínimos en tiempos de pandemia; y como
consecuencia, hoy vive una emergencia alimentaria y sanitaria que requiere de la urgente
solidaridad internacional y del pueblo colombiano.
La crisis financiera y productiva del sistema -agudizada también por la pandemia- ha sido
generalizada y sus consecuencias se vuelcan sobre los más vulnerables, como lo hemos sufrido en
Colombia, lo cual es condenable; como lo es también que a una pequeña nación inundada de utopías
y con la disposición de acabar con esas desigualdades, se le mantenga un inhumano bloqueo que,
desde 1992, ha sido rechazado 28 veces por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Es
indignante que el gobierno de la “gente decente de camionetas blancas” -enemigo radical de los
bloqueos populares- vuelva a convertir a Colombia en el “Caín de América”, lo cual se expresó en la
reciente votación de una nueva Declaración de esta Asamblea, donde 184 países rechazaron el
bloqueo imperial, 2 se opusieron (el bloqueador e Israel) y 3 se abstuvieron (Colombia, Brasil y
Ucrania). Se repite otra vez una violación masiva, flagrante y sistemática de los derechos humanos
que, según la Convención de Ginebra de 1948, “constituye un acto de genocidio” sobre el pueblo
cubano.
La agresión se inició con un memorando del Departamento de Estado estadounidense del 6 de abril
de 1960, que llamaba a poner en práctica “todos los medios posibles para debilitar la vida
económica, negándole a Cuba dinero y suministros” para provocar hambre y desesperación con el
objetivo de derrotar al gobierno. Y luego de 61 años de resistencia contra vientos y mareas, les toca
enfrentar una “tormenta perfecta” que afecta gravemente la vida de su pueblo. Grandes dificultades
para mantener un sector productivo estatal que requiere de materias primas y nuevas tecnologías
y, al mismo tiempo, apoyar las renacientes iniciativas asociativas y familiares con pequeños y
medianos emprendimientos; falta de divisas para surtir el mercado y distribuir en equidad los
accesos al consumo de la población, pues, si bien se han duplicado y triplicado los salarios, la
demanda supera a la oferta y encarece los productos. Problemas que se extienden al área de la
salud, históricamente su mayor fortaleza, en la que, luego del enorme esfuerzo de producir y aplicar
a la fecha más de 7.000.000 millones de vacunas, tienen que atender a los pacientes de un nuevo
pico de la pandemia sin mascarillas, batas médicas, jeringas, guantes y medicamentos de
importación.
Es más que obvio que exista descontento y demandas por parte de la población, en particular en los
sectores menos integrados a la sociedad. Superar la dependencia de un modelo de sobrevivencia
basado en el turismo requiere acabar con el bloqueo, junto con un cambio drástico en el modo de
producción, que no es inmediato, y que sólo puede hacerse manteniendo la cohesión de su pueblo
y reanimando los espacios democráticos que reconstruyan el poder popular que los caracterizó en
sus inicios. La consigna no será la de “libertad, libertad” impulsada por los servidores de los
bloqueadores -los cuales no han sido asesinados ni agredidos por la fuerza pública- sino, como
veremos en los próximos días, la de “revolucionar la revolución”, escuchar mucho más las críticas

constructivas y ganar las calles, como lo ha declarado su presidente. La solidaridad es una gran
cualidad de nuestro pueblo. Manos a la obra.

Marcelo Caruso Azcárate – Profesor investigador de Colombia.

Compartilhe

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on telegram
Telegram
Share on whatsapp
WhatsApp

Este post tem um comentário

Deixe um comentário