¿Todas las voces?, ¿todas las manos?: respuestas cruzadas sobre el 11J

Entrevista colectiva a partir de una colaboración con la revista Alma Mater

¿Qué pasó el 11 de Julio en Cuba? ¿Se puede entender solo por «la acción subversiva del enemigo»? ¿Acaso se agota su explicación en los efectos de campañas comunicativas sobre la conciencia de quienes se socializan también, y sobre todo, en los modos de hacer política en Cuba hoy? ¿Qué proyecto expresaron las protestas? ¿Qué nos dijo su composición Los documentos de las reformas económicas, ¿sirven como programa político de la profundización socialista en Cuba? El recrudecimiento del bloqueo y la agudización de crisis económicas como la que atraviesa el país hace 30 años, ¿producen de forma inexorable crisis políticas, crisis de sentido? ¿Para quiénes fue el 11 de julio pasado una evidencia de que la única salida es rendirnos, aunque muchos lo hagan discretamente y asistidos por «la sostenibilidad»? ¿Quiénes, en cambio, interpretaron allí un hambre democrática -léase: «socialista»- insatisfecha del pueblo de Cuba? Nuestras preguntas toman partido por una comprensión revolucionaria de los hechos y le señalan a «la objetividad» que los disimula, sus objetivos.

Hace unos días dos miembros de nuestro colectivo participaban con sus fragmentos, junto a otros entrevistados, en un artículo de la revista Alma Mater. Las presentamos, esta vez, completas, para que en su integridad sea más fácil juzgar y sopesar con claridad las distintas posturas, no en una equivalencia simple, o en un pluralismo flácido, sino en su irreductible diferencia y en su posicionamiento frente a la verdad, en lo que cada cuál hace con ella.

La posición de La Tizza, expresada en el editorial «Tendremos que volver al futuro», difiere de algunas de las interpretaciones que a continuación presentamos. Pero sin honra no hay militancia que valga la pena. Y no es honrado omitir visiones que dan cuenta de los códigos múltiples y contradictorios desde los que se lee la realidad y cristalizan las posiciones que se construyen frente a ella. Ese y no otro es el pabellón del pensamiento crítico, cuyo andar se echa de menos también en las calles cubanas.

1. ¿Qué condicionantes y antecedentes llevaron, en su opinión ante los hechos ocurridos desde el 11/7, en cuanto a manifestaciones, la violencia, el vandalismo y la convocatoria al gobierno?

Iramis Rosique Cárdenas[1]: «Las condiciones que producen un fenómeno como las protestas y actos vandálicos del 11 de julio pasado, son varias, y de distinto tipo. El primer elemento que media todo el resto, es el bloqueo norteamericano, sobre todo con los esteroides que Trump le inyectó, y que Biden ha mantenido intacto. El estado permanente de economía de guerra que resulta del bloqueo norteamericano afecta gravemente la calidad de vida de toda la población cubana, pero se hace sentir con más crudeza en los grupos más vulnerables, como pueden ser personas ancianas, racializadas, con diversidad funcional, de baja instrucción, de comunidades periféricas o rurales, mujeres, adolescentes y niños. No es casual que estos grupos hayan estado ampliamente representados en las protestas. La crisis sanitaria, su alteración drástica del funcionamiento de la vida de las personas, y el refuerzo que produce sobre las condiciones de guerra antes descritas, se suma como otro elemento que alimenta el malestar de la población, en especial de los más vulnerables.

» Otra condición objetiva a tener en cuenta es la actual incompletitud del proceso de actualización del modelo económico: estamos transitando de un modelo poco “eficiente” de amplias protecciones sociales y gratuidades para todos, a uno con menor presencia del estado en la función de cuidado, pero de más prosperidad económica y más “eficiencia”. Ocurre que ya no estamos exactamente en aquel viejo modelo, pero tampoco la actualización ha concluido ni ha logrado ofrecer ya los réditos económicos que permitirían compensar el costo social de las desigualdades que produce inevitablemente el avance del papel del mercado en la sociedad. Esa desigualdad que ha ido avanzando durante la época, con el correspondiente retiro progresivo del Estado de lugares donde, a veces, no quedó nada más, produce sensaciones de desamparo y desamparos reales que, a la postre, resultan en una desconexión con el proyecto revolucionario por parte de grupos que pueden llegar a sentir que “la Revolución los ha abandonado” o que ya ese proyecto no tiene nada que ofrecerle.

» En el orden político y subjetivo, el sustrato de esos sucesos está en el retroceso de la cultura socialista. Y digo “cultura” no en su sentido estrecho de “arte y literatura”, sino en su sentido civilizatorio, la cultura socialista como un mundo nuevo, un modo nuevo de relacionarnos con y entre nosotros mismos. Las insuficiencias del esquema de participación política de nuestro estado socialista son un obstáculo para que las personas se constituyan en sujetos partidarios del proyecto de la Revolución, que entonces se les presenta como ajeno, como algo de “ellos” (los dirigentes, el gobierno). Estas mismas insuficiencias, junto a las relativas a la transparencia, la comunicación, la corrupción, tributan a erosionar a cada momento la credibilidad de las instituciones del estado, especialmente las del Poder Popular. Si una institución política se hace “no creíble”, el ejercicio de la política irá por fuera de ella. Al mismo tiempo el deterioro de las organizaciones del bloque socialista encargadas de producir la nueva cultura política, y la nueva cultura en general (movilizando, formando, actuando, creando) tiene como resultado la ausencia o la escasez de referentes, liderazgos, expectativas de vida, valores, concepciones del mundo y deseos que puedan hacer frente la avalancha cultural capitalista a la que estamos todos expuestos todo el tiempo, y especialmente aquellos que se encuentran más alejados de los centros productores o reproductores de cultura socialista que aún perviven. Esta inopia político-cultural también imprime los modos de realizar la política por parte del Estado o, mejor dicho, el debilitamiento de la política como tal, y su sustitución por la “administración”, el momento puramente instrumental, procedimental de la política, despojado de otros momentos tan caros a ella como lo místico o lo performático. Es decir, estamos en presencia, además, de una política aburrida.

» Este conjunto de condicionantes, una vez combinadas, hacen a una franja social específica especialmente sensible a ser activada por el discurso político de la contrarrevolución. Y esto en buena medida porque el malestar que estas condiciones actuales producen en muchos grupos y personas, y que toma la forma de un malestar contra el gobierno, es casi imposible de metabolizar mediante una agenda de izquierda. Esto se debe a que, al presentarse en la cultura política nacional el Estado, el gobierno, el Partido y la Revolución como una amalgama, es muy difícil estructurar o posicionar un discurso o un ejercicio político de signo crítico con los males de la administración, pero raigalmente comprometido con el proyecto. Como pertenecemos a una tradición de socialismo estadocéntrico que ha entendido que el Estado es el sujeto protagónico de la transición socialista, la defensa del proyecto se presenta muchas veces como la defensa a ultranza del Estado (con males incluidos), y la crítica del Estado, como contrarrevolución. En ese escenario ideo-político es sumamente difícil conectar con personas que, en la inmediatez de su vida, al contendiente que tienen es a un dirigente puntual, un oficial del MININT, un jefe en el ejército, un director de empresa, un maestro, o cualquier otro representante del Estado. Esa sensibilidad, que se torna antiestatal, es un asidero mucho más fácil para la acción política de la contrarrevolución.

» En este contexto podemos entender la efectividad de una operación de guerra mediática como la que se realizó la semana pasada. Ese es su suelo fértil.»

Denis Alejandro Matienzo Alonso[2]: «El pueblo de Cuba ha adquirido consciencia de lo que sucede. La llegada de información, desde todos los puntos de vista, ha hecho que los cubanos se creen una nueva visión de lo que ocurre en el país. Antes, los medios de prensa estatales eran los únicos que se consultaban en Cuba, y los cuales decodificaban la información. En la actualidad existen algunos programas de televisión, que, además de informar, desacreditan a aquellos que se oponen al pensamiento oficialista. Lo anterior, aparejado al acceso al Internet y medios alternativos a la estructura estatal, han hecho que los cubanos tengan más acceso a la realidad nacional e internacional; así mismo, muchas historias dentro de la Isla, han podido ser contadas.

» En estos momentos, la situación sanitaria que vive el país es extremadamente delicada. No es malo que eso se conozca, ni que la gente pida ayuda o que otros se brinden a apoyar. Mientras que sí es un acto irresponsable, negar y ocultar las dificultades actuales.

» Sin embargo, la crisis económica agudizada en la última década, el deterioro del sistema de salud cubano, debido a carencias financieras, los eventos de transmisión ocurridos en otras provincias, así como los extensos apagones, propiciaron que la población saliera a las calles.»

Carolina García Salas[3]: «Cuba estaba y está atravesando una crisis múltiple. Por lo tanto, la comprensión del escenario actual obliga a dar cuentas de causantes muy diversas, que atraviesan todas las esferas de la vida social. Considero algunas cuestiones imprescindibles. En primer lugar, están las causas internas. Entre ellas destaco las limitaciones de los procesos de reforma iniciados en el marco de la Actualización del Modelo Económico y Social. En las informaciones publicadas por el gobierno se ha reconocido que hasta la fecha solo se ha implementado el 30% de los Lineamientos. Creo que ha habido pereza, poca creatividad y flexibilidad. Incluso algunas de las políticas más favorables, como las relacionadas con el trabajo por cuenta propia, se han visto afectadas por zigzagueos innecesarios, aperturas y cierres. Otros sectores continúan secuestrados por la burocracia y la excesiva centralización. Las reformas económicas iniciadas en el país ya tenían limitaciones de diseño y alcance, y esto ha sido reconocido por muchísimos economistas. No obstante, si el desarrollo de estos procesos se hubiese dado al menos con más celeridad, creo que hubiésemos llegado en otras y mejores condiciones al enfrentamiento de la crisis sanitaria.

» También se han ensanchado y profundizado las desigualdades. Ante este panorama, la política social se ha quedado atrás, tanto en su reconocimiento como en el diseño de estrategias. En el camino para “eliminar gratuidades” y rectificar el “igualitarismo”, se ampliaron las brechas y muchos sectores de la sociedad terminaron más rezagados, más vulnerables. Desde las ciencias sociales cubanas se advirtió en múltiples ocasiones que estos cambios debían acompañarse de políticas focalizadas que atendieran a los grupos y sus diversidades, a las distintas formas de exclusión social de las que son víctimas. Las respuestas también han sido muy limitadas.

» El establecimiento de las tiendas en divisa (MLC) acentuó las desigualdades y el descontento, depreció la moneda nacional y la pérdida de su poder de compra. Por su parte, la Tarea Ordenamiento ha tenido y tendrá un impacto profundo en estos procesos, los ha hecho más evidentes y más crudos. El momento y las condiciones en las que se desarrolla, influyen en el aumento notable de los precios y en el deterioro del salario real. Todo esto repercute en el quiebre de la vida concreta de las personas. Estamos hablando de la imposibilidad real de acceder a alimentos, a productos de aseo, de la agudización de las diferencias territoriales y la aparición de otras nuevas. Estamos hablando de la pobreza, de la imposibilidad de vivir dignamente.

» Si en la esfera económica las transformaciones han sido lentas y limitadas, en la política la situación es peor aún ¿Cuáles y cuántos han sido las leyes y decretos firmados después de que se aprobara la nueva Constitución? Esta no es una cuestión menor, se trata de la postergación, nuevamente, del respaldo al ejercicio y goce de derechos políticos y civiles que son elementales y prioritarios. Entre 2019 y 2021, varios grupos de la sociedad civil realizaron manifestaciones y demandas que evidenciaban claras inconformidades políticas y también sus capacidades para articularse y movilizar. Se trataba de evidentes señales de descontento popular, las cuales, en su mayoría, entiendo que fueron mal gestionadas, en algunos casos, reprimidas.

» Por otra parte, la relativa expansión del acceso a Internet en el país está provocando cambios en todos los órdenes. Hay una evidente pluralización de las voces, de los líderes, de las exigencias ciudadanas, de los productos culturales que circulan y de las agendas sociales. Hay nuevos medios y plataformas hablando de, desde y sobre Cuba; hay más cubanos conectados con esa realidad. Mientras esto ocurre, los discursos y las formas oficiales se desplazan muy poco, o casi nada. Continúan predominado el verticalismo, el paternalismo, el autoritarismo, y el irrespeto colectivo al disenso, que en Cuba es ya un problema político, histórico y cultural.

» Como se ha reconocido en innumerables ocasiones, la crisis que vive el país tampoco puede entenderse sin reconocer los efectos de la política del gobierno de Estados Unidos hacia Cuba, especialmente del bloqueo económico, comercial y financiero, también de la injerencia, de los millonarios fondos dedicados a la subversión. El retroceso de la llamada “Normalización” y la hostilidad que desató la administración de Trump tuvieron y tienen impactos graves en la vida de la nación que, además, ha tenido que lidiar con la pandemia en condiciones mucho más desventajosas que la mayoría de los países del mundo.

» La interrelación de todos estos procesos y de otros que no mencioné, pueden servir para entender cómo y por qué llega Cuba al 11 de julio. Ni siquiera me atrevo a ponderarlos, ninguno puede entenderse desvinculado del otro.»

Mauro Díaz Vázquez[4]: «Los antecedentes que llevaron a Cuba hasta la situación actual son de índole muy diversa: social, económica, política y sanitaria. Primero, es un problema que viene de muchos años atrás debido a la crisis económica que arrastra el país desde la década de los noventa, agravada por las sanciones impuestas por la administración Trump y, evidentemente, por la etapa pandémica. A esto hay que sumarle el incremento de casos por COVID-19 y el colapso de la sanidad pública.

» También hay que tener en cuenta los motivos políticos y el descontento con varias de las medidas impulsadas por el gobierno, que lejos de mejorar la vida de los cubanos, las ha vuelto más precarias. Esperar a una crisis sanitaria para aplicar medidas que fueron aprobadas en el Congreso del Partido del 2011, actualizadas en el de 2016 y luego vueltas a actualizar antes de la puesta en vigor, denota una tardanza inexplicable. Que en cinco años — 2011 a 2016 — solo se aplicara el 21% de los lineamientos, y hayan sido reformulados 268 de 313, es para analizar.

» Hay que hablar, además, de los factores exacerbados en las últimas semanas. Primero, señalo el incremento de casos por COVID-19, a los que se suman los apagones eléctricos en todo el país. Aunque se ha explicado que las causas se deben, en gran medida, a roturas y reparaciones, me hacen pensar que hubo muy poca previsión y que no existe un protocolo efectivo para estos casos.

» Otro aspecto a tener en cuenta es la escasez de productos de primer orden. El mercado regular no da abasto para toda la oferta, hay que hacer grandes colas e, inevitablemente, acudir a los precios abusivos del mercado negro. Una inflación que, por otra parte, se ha intensificado después del ordenamiento monetario. Tiene lugar acá la dolarización de la economía, la venta de productos básicos en tiendas MLC, la eliminación del gravamen al dólar estadounidense para que en pocos meses después se dejaran de aceptar en los bancos nacionales. Ello influyó en el descontento popular.

» Las campañas de recogida de donaciones para las provincias más afectadas por la pandemia sirvieron como base para la situación. Se trataba de un movimiento para llevar insumos básicos a los afectados, que comprendía demandas como las rebajas en los requerimientos aduanales para la entrada en el país de medicinas, alimentos y productos de aseo. Desde la versión oficial se hizo alerta sobre #SOSCuba y #SOSMatanzas, desvirtuando con elementos que no eran del todo cierto, aunque en otros sí tenían razón. Los oportunistas de siempre aprovecharon las campañas para poner en marcha su agenda ideológica.

» La prensa oficial cubana dedicó espacios radiales, televisivos y en los diarios para hablar sobre el tema. El pasado 14 de julio, el primer ministro, Manuel Marrero Cruz, anunció en la Mesa Redonda que temporalmente se iban a eliminar los aranceles a medicamentos, comida y productos aseo importados por individuales. Para que esta decisión se llevara a cabo, mucho tuvieron que ver — en mi opinión — las protestas. No es casualidad que la respuesta gubernamental sobre este tema variará tanto en menos de 7 días.

» A veces los gobiernos entienden al disenso y las protestas como el enemigo. Cuando miles de ciudadanos se expresan, es porque el descontento es real y palpable. No se puede deslegitimar con tanta facilidad a la opinión de tantos. Siempre es provechoso escuchar a los ciudadanos.

» Influye también la carencia de derechos políticos. Nos negaron, nos llamaron asalariados, mercenarios, vándalos. El apelativo más suave: confundidos. Las protestas populares, de esta envergadura, son siempre legítimas. No se trata de un grupo minoritario de cubanos, sino de un grupo que decidió salir a protestar por lo que consideraba justo, por mejoras, por cambios impostergables. El derecho a manifestación pacífica está recogido en nuestra constitución.»

Ernesto Teuma Taureaux[5]: «Mencionaré apenas tres condicionantes, no exhaustivas, pero sí imprescindibles, para que comencemos a reflexionar sobre lo que pasó el domingo 11 de Julio. La primera es lo que se puede llamar “condiciones económicas adversas”. Ahí cabe hablar de nuestra condición de país dependiente y periférico, de los problemas estructurales de la economía, y por supuesto, del bloqueo y su recrudecimiento metódico y cruel en los años de la administración Trump con nuevas sanciones que continúan hoy bajo la administración de Biden. Estas condiciones económicas adversas son amplificadas por la severidad, restricciones y desgaste que trae la pandemia para la vida y la economía. Los efectos de este margen de maniobra tan estrecho son evidentes: desabastecimiento, colas, escaseces, precios altísmos para conseguir lo básico: la aspereza de una vida cotidiana centrada en la subsistencia.

» Sin embargo, sería muy mecánico pensar que solo de la existencia de estas condiciones adversas brotan, por arte de magia, sucesos como el del domingo. Ese sustrato adquiere una forma definida y específica cuando sumamos una segunda condicionante: la insuficiencia institucional. Tampoco una novedad en sí misma. Sin ir más lejos, solo hay que hojear los discursos principales del VIII Congreso del Partido o conversar sobre la gestión de alguna institución o instancia: anécdotas sobran. En tiempos más tranquilos, la incompetencia de ciertos cuadros, la mediocridad, el burocratismo, el despilfarro, la chapucería, la falta de previsión, la corrupción, la indolencia, las prácticas sectarias, verticalistas, arbitrarias, opacas, anti democráticas son dañinas, nocivas e imperdonables. Pero, en un escenario como el de hoy, con el margen de maniobra tan estrecho que dejan todas esas condiciones económicas puede ser políticamente mortal. Porque esta insuficiencia institucional tiene también un impacto directo sobre la vida de la gente, sobre su día a día, sobre las decisiones que se toman sobre su bienestar o que mitigan sus carencias. Y acá hay que pensar en las estructuras locales e intermedias, en los funcionarios y empresas, en la planificación y las necesidades de la gente común: no se consiguen resultados, no se ahorran los recursos conseguidos y se administra mal.

» Sin embargo, aún el conjunto de estos dos elementos no sería fatal sin su intersección con un tercero: los liderazgos, o más bien la ausencia de ellos. Porque una mala gestión produce, necesariamente, molestias, quejas, críticas que exigen modificaciones, mejoras, transformaciones; y en los barrios de los que salió la gente ¿quién los escuchaba? ¿Qué autoridad política metabolizaba ese disenso, reconstruía el consenso, buscaba soluciones, hacía rendir cuentas a los responsables, o como mínimo explicaba la situación cara a cara? Y ocurre entonces, en los territorios que es donde la gente vive, la degradación del tejido social comunitario, la dispersión e inoperancia de las organizaciones políticas y de masas, la ausencia de movilización y la desidia.

» De manera que, en esa triple intersección entre las condiciones económicas adversas, la insuficiencia institucional y la ausencia de liderazgos se crean zonas de malestar social generalizado, que son terreno fértil para la agitación de la oposición procapitalista de derecha, que es la que, en ausencia de una política revolucionaria que movilice los acumulados culturales del socialismo cubano, activa políticamente ese potencial y los cataliza para sus fines.»

2. ¿Cuál es su postura y opinión ante los hechos ocurridos desde el 11/7, en cuanto a las manifestaciones, la violencia, el vandalismo y la convocatoria del gobierno?

Iramis Rosique Cárdenas: «El domingo 11 se consumó una operación comunicacional y de inteligencia que venía desde antes. No hay nada casual ni en la campaña mediática que lo antecedió y sucedió, ni en la simultaneidad de las protestas en varios puntos del país. Como decía, bajo las condiciones antes descritas, los operadores de la reacción lograron activar políticamente una masa considerable de ciudadanos en distintas localidades del país. Y lograron activarlos naturalmente bajo su propia agenda reaccionaria y anexionista. Muchas de las personas que se manifestaron contra el gobierno, funcionaron como carne de cañón de una causa de la que no son ideólogos, y muchas veces, ni beneficiarios. Le he preguntado ya a varias personas que apoyan la protesta por “el día después”. Lo más importante para un acontecimiento es el día después. ¿Qué hubiera pasado el día después de su “victoria”? ¿Cuál era el plan? La pura negatividad apreciada en La Habana, que se reflejó en la pobreza de consignas y el exceso de agresividad y violencia, hace dudar de la posibilidad de un día después que otorgara algo a esa mayoría de manifestantes. ¿De qué manera esas protestas podían resolver las condiciones de vulnerabilidad de esas masas humildes, marginadas, racializadas, una vez demolido el orden de 1959 y su proyecto emancipador? ¿Acaso ibas a instaurar un orden de más justicia social aún? Me hace dudar eso la ausencia del término “justicia social” del vocabulario de la oposición contrarrevolucionaria en Cuba. En un escenario de desaparición del poder revolucionario, la sociedad Cuba quedaría a merced inevitablemente del único otro poder organizado para constituir un Estado en Cuba: el gobierno norteamericano y sus diversos empleados de la reacción cubana desde 1959 — los cuales poseen distintos grados de fuerza también y de precedencia — . No creo que en ese escenario fatídico se estableciera en Cuba ningún modelo interesado en combatir las causas estructurales de la pobreza y la marginación de esas personas que protestaron, causas que, en Cuba, solo ha atacado, en la medida que ha podido, la Revolución Cubana.

» Una parte de la opinión pública ha criticado mucho al presidente Díaz-Canel por convocar a los revolucionarios cubanos a hacer frente a las manifestaciones e intentos de desestabilización. Se le ha acusado de llamar a la violencia, a una “guerra civil”, etc. Yo creo que esa convocatoria fue lo mejor que pudo hacerse ese día, y lo creo por dos razones. La primera es que los revolucionarios salimos a las calles, no solo a defender el proyecto revolucionario de una agresión, sino también a proteger al poder revolucionario de sí mismo. Yo dije ese día: “No podemos dejar que la Revolución se caiga, ni que se suicide”. Un amigo me decía que habíamos salido a evitar un Tiananmén. Bajo ningún concepto el desorden podía crecer hasta el infinito, hasta engullirlo todo: si los revolucionarios no hubieran salido, el Estado hubiera tenido que, con el uso exclusivo y brutal de la fuerza soberana, devolver el orden a las calles. El despliegue de fuerza y violencia que eso habría requerido sería una mancha de la que no nos recuperaríamos jamás. No estoy seguro que pudiera haber más Revolución después de eso.

» La otra razón por la que defiendo el llamado del presidente, es porque mi experiencia personal en la Habana me indica que en aquellos lugares en que estuvo el pueblo revolucionario en masa, se dieron menos episodios de exceso de las fuerzas del orden. La policía cometió excesos de violencia, eso está claro, pero sobre todo en aquellos lugares donde se encontró sola. Hay un esencialismo que deshumaniza a las fuerzas del orden y olvida que también son personas — muchas veces culturalmente similares a aquellos a los que se enfrenta — , que sienten miedo, y que en situaciones de violencia están expuestos a altos niveles de estrés como lo estuvimos todos ese día. Claro que explicar no es justificar, y los excesos de violencia de la policía deben ser investigados y resarcidos en la medida de lo posible, como mismo serán investigados los actos de violencia, vandalismo y saqueo realizados por manifestantes.

» Hubo ese día manifestantes pacíficos, es cierto, pero también emergió ese día parte de los más oscuro del odio que sienten los excluidos y los intolerantes. Vimos los dos odios: el odio y el rencor de quien se entiende como enemigo y diferente a “los blanquitos”, “los universitarios”, “los del Vedado”; pero también el odio histérico, propio del anticomunismo, el odio que llamaba a matar comunistas, a matar al presidente, el odio que mueve a destruirlo todo, y a todos. El primer odio estoy seguro que es remediable, y deberíamos sentir, los revolucionarios, vergüenza de que esa barrera se haya levantado entre nosotros. El segundo, no estoy seguro.»

Denis Alejandro Matienzo Alonso: «Como joven cubano, considero que la ciudadanía tiene derecho a manifestarse en contra de lo que considera mal, ya sea para suprimir, cambiar o cualquier otra posibilidad que pueda surgir en el seno del pensamiento colectivo, siempre y cuando no se lleguen a situaciones de vandalismo y violencia. Pero no está mal quejarse, debatir, hablar de política. Los ciudadanos de una nación pueden cuestionar la labor de los gobernantes, exigir ciertas libertades y defenderse antes decisiones estatales.

» El llamado del gobierno fue un acto de irresponsabilidad mayor. Ha incitado a fuerzas represivas — actitud amparada en el controvertido artículo 4 de la Constitución, que deja más dudas que respuestas ante el significado de traición, y quien decide qué es una traición como para ser combatida por todos los medios, incluso con el despliegue de un cuerpo armado, y, sobre todo, con la invocación de la irrevocabilidad del carácter socialista. A mi entender, plantearlo así es excluyente, puesto que todo lo que se quiera hacer, fuera de ese marco, es anticonstitucional.»

Carolina García Salas: «Yo viví el 11 de julio fuera de Cuba. Pocas veces en mi vida he experimentado una mezcla tan profunda de emociones. No dormí esa noche, no he vuelto a dormir como antes. Ni yo, ni mi esposo, ni ninguno de los cubanos a mi alrededor podíamos darnos el lujo de acostarnos cuando el día en nuestro país no había terminado. Nos llamábamos, nos compartíamos información, fotos y videos, nos consolábamos.

» Me niego a contribuir como cubana, como investigadora social, a las absolutizaciones, a los estigmas y a la criminalización en torno a las protestas. Es para mí una premisa ética, política, humana. Ya han pasado varios días, se han denunciado las noticias falsas y se ha comprobado que es imposible construir un relato único sobre lo que sucedió el 11 de julio. Por lo tanto, el mío se basa en lo que he visto, leído, verificado, y vivido a través de algunos de los amigos que tengo en Cuba, de sus relatos y sus dolores, que también son los míos. Las protestas que yo vi iniciaron de manera pacífica, aunque muchas terminaron con violencia. Ahora bien, en medio del caos que se vivió, no puedo ni quiero pararme a juzgar ligeramente esas violencias — en plural — porque fueron diversos sus protagonistas y distintas sus formas de expresión. Creo imprescindible ponerlas en contexto y hacer el esfuerzo por comprenderlas, que no significa legitimarlas.

» Creo que es una urgencia romper con esos discursos conservadores en los que se asume que todos los manifestantes que salieron a las calles son “delincuentes” o “mercenarios” al servicio del gobierno de los Estados Unidos. La manifestación es un derecho refrendado en la Constitución de la República de Cuba, aunque a estas alturas los cubanos no sepamos cómo ejercerlo porque nunca se han establecido los mecanismos legales para hacerlo. A las calles salieron los habitantes de los territorios y comunidades más vulnerables del país. Estamos hablando de los grupos sociales con peores condiciones de vida, los que sufren en su propia piel el aumento de las desigualdades y, en no pocos casos, el desamparo. Son también los que han sido históricamente más violentados, por otras personas, por instituciones, por las propias políticas públicas. Por eso no puedo dejar de ver en muchos de sus actos un legítimo gesto de rebeldía, de desesperación, de desafío. Una respuesta violenta a las violencias que padecen.

» También reconozco que hubo manifestantes que cometieron delitos graves y agredieron a personas inocentes. Me parece inaceptable. Lo mismo que la brutal represión por parte de algunos de los policías y las fuerzas del orden, el abuso de poder, la detención injusta de muchos cubanos.

» Los discursos del gobierno en torno al 11 de julio, afortunadamente, se han ido modificando. No obstante, ese domingo se cometió un error político y humano que a mí me parece inadmisible. El presidente usó frases como “la orden de combate está dada”, “a la calle los revolucionarios”. No hay en ninguna de esas oraciones espacio para la ambigüedad y si lo hubiese, bastan el lenguaje corporal, el tono y el contexto. El presidente le habló a una sociedad que sabe profundamente polarizada, con una historia, lamentable y reciente, de actos de repudio, de enfrentamiento entre civiles por pensar diferente, de huevos, de piedras, de gritos, de violencia. Los llamados que ahora se hacen a la unidad, a no dejarse llevar por los odios, a la reconciliación, al amor, tenían que haber comenzado el 11 de julio a las 4 de la tarde. Si servían para evitar al menos una sola de las agresiones que se dieron entre los cubanos que se encontraron en lados opuestos de la calle, ya valía la pena. Estoy segura de que se hubiese logrado más que eso.»

Mauro Díaz Vázquez: «En la manifestación que yo estaba, la paz estuvo todo el tiempo. Un muchacho tiró una piedra y todos le dijimos que no hiciera eso, que perdíamos la razón. Levantamos los brazos cuando se nos acercaba la policía. Aun así, reprimieron, golpearon y hombres vestidos de civiles apalearon. Detuvieron a muchos. Eso es anticonstitucional. Alma Máter estuvo ahí, tienen las pruebas gráficas de que no miento. Un miembro de la revista fue detenido por hacer su trabajo. Eso también es anticonstitucional

» Creo que el domingo 11 de julio marcó un precedente muy importante en la historia de Cuba. En la etapa revolucionaria nunca se vieron manifestaciones tan multitudinarias. Los precedentes más cercanos que recuerdo son el Maleconazo, en agosto de 1994, y más reciente, el 27 de noviembre de 2020; sin embargo, no son comparables en cuanto a masividad. El 11J fue importante y positivo. Las manifestaciones son la forma que tienen los pueblos para hacerse escuchar, para demandar y exigir que se cumplan sus derechos y buscar soluciones.

» Hay cubanos que entienden las carencias económicas y reconocen los obstáculos que impone el bloqueo, pero también hay otras barreras que son parte de la gestión del gobierno. No se trata de que el estado dé todo lo que se necesita: es imposible. Pero cosas como la eliminación de aranceles se pueden lograr. Si te dicen que no hay materiales para que construyas tu casa por culpa del bloqueo, lo crees, pero luego caminas La Habana y vez como se construyen grandes y lujosos hoteles en una época donde no hay turismo. Comienzas a cuestionar cuáles son las prioridades. Ese solo es un ejemplo.

» A muchos cada vez les importa menos culpar a alguien por la falta de comida. Lo que más les importa es no pasar hambre. Hay una canción de Joaquín Sabina (Como te digo una “Co” te digo la “O”) que dice: “Si la culpa la tiene Clinton o Fidel a mí, mire usted, lo mismo me da”, ese verso es perfectamente extrapolable a lo que piensa un padre o una madre cuando no tiene para dar de comer a sus hijos o para vestirse. Eso no es un pensamiento individualista, como leí en un texto del periódico Granma. No se puede tomar a la ligera ni simplificar tanto las carencias de las personas. La principal prioridad de todo gobierno debería ser que el nivel de vida de su población crezca, cuando pasa lo contrario, el sistema debería hacer un ejercicio crítico de autorrevisión.

» En cuanto a la violencia y el vandalismo, no dejo de reconocer que hubo violencia de ambas partes. Eso es imposible de negar. Vaya por delante que estoy en contra de que se haya incendiado una estación de policía o apedreado algunas tiendas. Aunque quiero recalcar una cosa, no se pueden aplaudir después hechos como el Caracazo y demás disturbios violentos en otras latitudes y luego criticar estos. Son hechos condenables, independientemente del signo político de los disturbios.

» A nivel global existen grupos minoritarios de oportunistas que aprovechan ese tipo de situaciones para dar rienda suelta a sus conductas agresivas o delinquir. Lo hemos visto en todas partes: Chile, Venezuela, Ecuador, Estados Unidos, Puerto Rico, Cataluña, entre otros. En Cuba, fueron hechos aislados. Que en más de 50 manifestaciones que se produjeron en todo el país, se contabilicen 2 patrullas viradas, unas pocas tiendas y policías apedreados, una estación quemada, habla de una tendencia mayoritaria hacia el pacifismo. Si sacamos porcentajes de cuántas fueron violentas, me atrevería a decir que menos del 20%.

» Sobre mi postura ante las manifestaciones, puedo decir que demostraron lo heterogéneo que es este país, no solo en cuanto a razas, credos, diversidad cultural y sexual, sino también desde un punto de vista ideológico. En la manifestación que participé había personas de todos tipos e índoles. En cada grupito se hablaba de temas diferentes, desde una perspectiva de izquierda hasta perspectivas muy de derechas. Todos tienen derecho a existir y cohabitar siendo escuchados.

» El otro punto de la pregunta fue la convocatoria del gobierno. El llamado que hizo el presidente en televisión nacional me parece surrealista, un disparate, así de crudo. La política sirve para evitar las confrontaciones, evitar las guerras civiles y las matanzas entre conciudadanos. “La orden de combate está dada”. Cuando estuve en casa y vi en retransmisión esas palabras, algo muy dentro de mí retumbaba sin parar. Fue un llamado a la violencia, a la fractura nacional. Si en algunos puntos las manifestaciones se volvieron violentas, fue precisamente por ese llamado. Las fuerzas del orden golpearon y detuvieron, hombres vestidos de civiles arremetieron a palazos contra los manifestantes. Violencia genera violencia, no se puede reprimir con tanta fuerza a esa gran masa y luego esperar que no pase nada.»

Ernesto Teuma Taureaux: «Lo primero que debemos decir es lo obvio: por supuesto que hay una operación de inteligencia en funcionamiento, una articulación mediática bien aceitada, una operación comunicacional en redes sociales y meses de instigación, odio teledirigido, y, sobrevolando amenazante, la amenaza de una invasión militar norteamericana disfrazada de una intervención humanitaria y vendida como una especie de salvación. Todo eso está ahí, documentado, y debe ser condenado y expuesto.

» Pero debemos preguntarnos por qué esa acción por parte de los enemigos históricos de la Revolución del 59 resuena con una parte del pueblo. Porque el malestar que catalizaron era real, y se trataba de las capas más humildes y marginadas, en número suficiente como para desechar la hipótesis que se trataba de una masa delincuencial “pura”. Se trata de esa parte del pueblo que no ve una solución a sus problemas, que siente que no tiene nada que perder ni que ganar, que constituye toda una franja cultural ajena a la Revolución, que se ha rendido. Se requerirá de una autocrítica y una revisión en las maneras de hacer la política y entender la sociedad a la altura de la complejidad que planteó, para los revolucionaros cubanos y para los comunistas cubanos, ese domingo. Sin embargo, y no lo podemos olvidar, la expresión política de ese sustrato tenía como fin, por sus consignas, por su posicionamiento no solo frente al Estado sino a todo un proyecto de nación y sociedad, el quiebre del orden revolucionario y la destrucción del socialismo.

Frente al despliegue violento y reaccionario contra el orden, el Estado asumió, primero, una respuesta policial que reestableciera ese orden. Dudo que los policías y otras fuerzas pudieran anticipar la magnitud de lo que estaba sucediendo, y que el estupor, la sorpresa, y hasta el miedo, los haya llevado en algunos casos a lamentables excesos de violencia, mucho más allá de la necesaria para cumplir sus objetivos. Sin embargo, la respuesta policial resulta insuficiente, porque el mero restablecimiento de la tranquilidad y la calma representa apenas un aplazamiento, como una fiebre que se trata y alivia, como en una batalla no ser vencidos no implica vencer. La respuesta policial es insuficiente porque lo necesario es una respuesta política.

» Cuando Díaz-Canel, como Presidente de la República y también como Secretario General del Partido Comunista de Cuba, llamó a los revolucionarios a tomar las calles, superó el tic policial, de administración del conflicto, y esbozó un camino hacia la arena de lo político, de la movilización de esa otra parte del pueblo que, más allá del Estado y sus falencias, defiende la obra de generaciones precedentes y proyecta sus sueños de una sociedad distinta, y mejor, en el socialismo. Era entonces, no una confrontación entre el Estado y el pueblo, sino la confrontación entre dos proyectos distintos de futuro.»

3. ¿Qué cree del establecimiento de un canal humanitario en Cuba y de la recogida de firmas para una intervención extranjera?

Iramis Rosique Cárdenas: «Bueno, días antes del domingo se explicaba en varios lugares qué era realmente un corredor humanitario, un tipo de zona de seguridad en medio de un conflicto armado. Muchas personas se hicieron eco de la petición del corredor sin tener ni idea de qué se estaba hablando. No creo que los creadores de esa campaña estuvieran también “confundidos”. Obviamente eso entra en todo el esquema del intento de golpe blando.

» En el caso de los pedidos de intervención militar, podría despachar la pregunta rápidamente denunciando el anexionismo y las apetencias imperiales que ya son centenarias. No obstante, quiero apuntar un detalle al respecto: el grueso de los cubanos que apostaban y apuestan por una solución militar se encuentra en la emigración cubana en los Estados Unidos. Y esa diferencia es sustancial con respecto a cubanos que están en otros lados. Obviamente en eso juega un papel fundamental la cultura anticomunista asentada en Miami y reproducida hasta el cansancio. Pero es muy interesante cómo allí se dan de manera simultánea dos procesos que nos pueden señalar la preferencia por la opción militar: por un lado, está la nostalgia exacerbada en una ciudad en la que replican hasta el maní molido de aquí, y que mantiene el retorno a una Cuba miamizada como un poderoso deseo permanente, que produce altas dosis de frustración y desesperación. Y, por otro lado, la plena inconciencia nacional — el reverso de la conciencia — provocada por el colonialismo y el desarraigo combinados, que insensibiliza, convierte en admisible cualquier medio para el cumplimiento del deseo de retorno, incluso la destrucción del país: ya ellos, con dólares, lo reconstruirían luego — aunque fuera como al estilo de Miami misma, un parque temático sobre la Cuba que guardan en la memoria — .»

Denis Alejandro Matienzo Alonso: «Considero que el problema cubano debe ser resuelto por cubanos que vivan en la Isla o en el exterior, de cualquier ideología, credo y raza. Cuba debe construirse como un país modelo en cuanto a los derechos humanos, que han sido tan vulnerados en los últimos años, bajo el pretexto del bien común, algo tan manido en gobiernos totalitarios.»

Carolina García Salas: «Todavía estoy procesando e intentando entender cómo es posible que cubanos dentro y fuera de Cuba avalen una intervención extranjera o la persistencia del bloqueo, que desconozcan sus implicaciones. Lo que más me ha llamado la atención de esas posturas extremistas son los rostros de sus defensores. Ha sido una desagradable sorpresa encontrarme a tantos jóvenes reproduciéndolas. Daba por hecho que en las nuevas generaciones de emigrados había una ruptura radical con la política rancia de sus predecesoras, y creía imposible que algún cubano, en el año 2021, pudiese asumir como camino legítimo para lograr cambios una intervención extranjera. Se han quebrado muchas de las conexiones y relaciones que con tanto trabajo se habían logrado reconstruir. Es el resultado de la polarización, de los discursos de odio en todos los contextos. Es nuestra responsabilidad como cubanos volver sobre lo que nos une.

» Por otra parte, creo que todo lo que ha sucedido con respecto a la activación de mecanismos de solidaridad internacional ha estado marcado por la manipulación y la desinformación. Conozco mucha gente que desde distintos países ha estado y hasta hoy está concentrada en articular y sensibilizar para recoger donaciones. Estas mismas personas se han reconocido víctimas de todas las trampas terminológicas que, obviamente, no son resultado del azar. No obstante, lo único que me parece urgente a estas alturas es que se continúen eliminando todas las trabas y se flexibilicen los mecanismos y las burocracias para que la solidaridad se haga efectiva, tanto la de los cubanos que están dentro y fuera del país, como las que provengan de otros contextos. Ahora lo más importante es que no se destruyan todas esas redes que, 15 días antes, se habían armado para salvar vidas.»

Mauro Díaz Vázquez: «Un disparate el tema de la intervención humanitaria. Me gustaría saber cuántos de los firmantes de la carta de intervención viven en Cuba, cuántos sufrirían las consecuencias de esa intervención. Cuántos conocen, siquiera, que es una intervención. En una guerra mueren todos. Las bombas y los disparos no preguntan antes por tus afinidades políticas, ni piden el currículum.

» En estos últimos días de paz, y de mucha tensión también, he escuchado opiniones muy contradictorias y extremistas de ambas partes. Si hay gente que piensa que la solución al problema político cubano es el conflicto armado, pues tenemos un grave problema como nación.»

Ernesto Teuma Taureaux: «Hay mucho desconocimiento sobre lo que significan estos términos de “canal humanitario”, “corredor humanitario”. Quizás a la gente le suena como alivio y ayuda internacional en una coyuntura difícil. No lo es. El establecimiento de un corredor humanitario significa la cesión sin garantías de la soberanía sobre una porción del territorio de un Estado y la libre circulación de múltiples agentes en esa área con el motivo supuesto de proveer “ayuda humanitaria”. En realidad, se trataría de una intervención militar disfrazada apenas, donde caerían más bombas que medicinas. La doctrina de la intervención humanitaria ha sido la cobertura para maniobras imperiales de todo tipo.

» Por contraste, la recogida de firmas, a pesar de ser más terrible porque significa el ejercicio activo y explícito de cubanos o descendientes de cubanos que con tal de alcanzar sus fines políticos son capaces de pedir la muerte probable de familiares y amigos en la Isla, me parece más sincera. Nos deja ver el odio que se ha incubado y viralizado en una parte de la migración, que resulta chocante al compararla con la migración patriótica que, desde cualquier lugar del mundo, ha enviado ayuda para Cuba en este momento tan complejo, más allá de sus diferencias políticas.»

4. En su opinión, ¿qué debiera suceder para que mejore la inestabilidad política, social, sanitaria y económica en Cuba, a corto y largo plazo? Asimismo, ¿de qué manera se pudiera demostrar la viabilidad de esas acciones?

Iramis Rosique Cárdenas: «Pregunta difícil. Obviamente en el largo plazo la solución debe ser atacar las causas estructurales de los problemas que mencioné anteriormente. ¿Cómo se hace eso? No tengo la respuesta, pero estoy seguro que entre todos, construyendo colectivamente un proyecto fundado en la solidaridad podríamos encontrarla.

» En el mediano plazo, se han tomado algunas medidas ya. Sabemos que el bloqueo y la pandemia no van a irse por voluntad, así que no están en esta ecuación. No obstante, creo que hay que trabajar mucho en sanar la credibilidad de las instituciones, creo que hay que ir ahí a esos barrios a escuchar los problemas de la gente y junto a ellos resolverlos. Tenemos que encontrar la manera de que, en esta situación que es pésima para todos, o nos condenemos juntos, o nos salvemos todos y, bajo ningún concepto, que se salven unos preferentemente. Yo he pensado mucho, por ejemplo, en las tiendas en MLC, grandes protagonistas de todo esto. El Ministro de Economía y el Primer Secretario han explicado muchas veces la necesidad de esas tiendas, a pesar de su alto costo político. Pero igual me hace preguntarme: ¿y si las tiendas en MLC agotaron políticamente sus posibilidades, su sostenibilidad? Quizá los economistas deberían pensar en qué otro modo arreglarnos en medio de esta enorme crisis, y que sea un tilín menos costoso políticamente. Yo no soy economista, no sé si eso es posible, pero me ha hecho pensar mucho. En Centro Habana algunas personas nos gritaban a los que defendíamos a la Revolución: “¡ustedes seguro tienen cantidad de dinero en las tarjetas en MLC!”. Eso no es simple confusión, eso es un reclamo absolutamente sincero.

» La reconstitución del consenso debe ser una tarea fundamental. Hay que ir también a hablar con los estudiantes, con otros sectores, escuchar efectivamente, en diálogos que la gente sienta que su palabra valió para algo. El diálogo que se quede en nada, solo va a afectar la credibilidad de nuestras instituciones y del proyecto en general. Creo que hay que elaborar mecanismos que permitan a la gente participar del control directo de la gestión en el Poder Popular. Los estudiantes universitarios, que hoy muchos dan el paso al frente para enfrentar la COVID19, podrían también organizarse en brigadas de trabajo social como hace veinte años, para acercarse a la gente, para llevar la universidad a las comunidades y viceversa, para ser los ojos del pueblo en la gestión del gobierno en los territorios — hay una excelente experiencia con los SAF — .

» Son cientos de cosas nuevas que se podrían hacer, solo hay que preguntarle a la gente, crear. Reconectar con las personas el proyecto socialista cubano, hacer de la Revolución Cubana y del pueblo un bloque histórico diverso pero fundado en la solidaridad, que es el signo del nuevo mundo por crear, debe ser el horizonte. Lenin decía que las revoluciones necesitaban de vez en cuando el látigo de la contrarrevolución. Esperemos que este latigazo sirva para desperezarnos y realmente avanzar.»

Denis Alejandro Matienzo Alonso: «Para que ocurra un cambio verdadero en Cuba, debe haber un cambio del sistema. Ya no es válido que el gobierno cubano siga con el pretexto de la salud y la educación pública. Es necesario la inclusión de todas las voces en la construcción de una nueva Cuba.

» El cubano posee gran capacidad de invención y adaptación. El intelecto y la creatividad de los cubanos son bien conocidas en el mundo. Una parte significativa de los cubanos fuera de la Isla lo han demostrado. Entonces, ¿por qué no hacerlo en nuestro país? Solo encuentro una respuesta: los frenos de los gobernantes cubanos sujetos a una ideología de otro siglo, lo cual estimula la emigración, la fuga de talento, puesto que en nuestro país no encontramos desarrollo y libertad para crecer.

» La situación en Cuba requiere de un actuar eficiente y poco arrogante por parte de la dirección del país. La arrogancia no salva vidas, y sí las cobra. Deben crear canales más expeditos para la entrada de ayudas desde el exterior y buscar alternativas, pues el bloqueo es conocido y es extremadamente difícil que pueda suprimirse en estos momentos. Por lo tanto, es acaecido facilitar la entrada de ayuda solidaria. Así como desarrollarnos en lo interno, buscar alternativas y volvernos eficientes.

» Lo cubanos somos un semillero de ideas y creatividad. Es primordial para una nueva Cuba llamar a la unidad nacional sin que medien ideologías que lastran el proceso. En estos aspectos vale con copiar, y no hay que referenciar de donde fueron tomadas las ideas. Las ideas se ven, se estudia su factibilidad y se ponen en marcha. Luego sí es necesario tener control. Llevamos años de desidia, mal trabajo y corrupción a todos los niveles. Es necesario depurar para que la construcción sea efectiva.»

Carolina García Salas: «Yo no seré la misma después del 11 de julio. Cuba tampoco. Creo que no es posible salir de esta crisis si no se hacen cambios estructurales en el país. Ahora la prioridad tiene que ser evitar más muertes y más contagios. En función de eso tienen que pensarse todos los consensos y enfocarse los esfuerzos. En la solidaridad y en el humanismo también pueden encontrarse muchas curas. Reconozco que la situación es demasiado compleja, crítica, y que no hay tiempo, porque hay gente que se le va la vida.

» Las protestas hablan de una ciudadanía cansada de resistir y de no poder gritar, asfixiada por el bloqueo y por los continuos desaciertos de las políticas internas. Es imprescindible erradicar para siempre del lenguaje político los discursos de odio. Hablo de los explícitos, pero también de los velados, de los convenientemente solapados. Creo que es necesario reconocer los errores para poder recomenzar. Las demandas de los manifestantes no se pueden quedar en el agrio recuerdo del 11 de julio. Por lo tanto, todo lo que ha sido posible cambiar desde dentro y se ha postergado tiene que retomarse con urgencia, empezando por las reformas económicas y el cronograma legislativo. Las políticas públicas tienen que actualizarse para focalizar en los grupos sociales en situación de vulnerabilidad. Descentralización y flexibilidad. Diálogo y participación de todos y cada uno de los cubanos, sin discriminación ideológica, sin segregación. Reconocimiento de la pluralidad política del país, de los derechos de todas las personas.

» ¿Cómo se entiende que el gobierno de Cuba reitere su disposición de mantener relaciones respetuosas con el de Estados Unidos y no esté dispuesto a hacerlo con los ciudadanos cubanos que no comparten su proyecto político?: Transformación democrática. En 2016 entrevisté junto a un amigo a Juan Valdés Paz, un intelectual cubano que admiro y respeto mucho. En aquel entonces nos dijo: “El socialismo no puede posponer la democracia que ha prometido”. Creo que ya lo ha postergado demasiado».

Mauro Díaz Vázquez: «En lo relativo a lo sanitario, una solución es que el gobierno acepte donaciones de individuales. Según lo anunciado por el primer ministro, pasará. Más allá del colapso sanitario y la escasez de medicamentos, confío bastante en la gestión gubernamental en estos temas. Que un país empobrecido de once millones de habitantes haya estado durante un año siendo uno de los punteros mundiales de menor tasa de incidencia, demuestra una buena gestión sanitaria. Mientras en países desarrollados se habla de 4tas y 5tas olas de contagio, en Cuba hemos tenido una sola ola grave, esta. Solo resta esperar que exista un plan de vacunación efectivo y se inmunice a la población lo antes posible. Además, las medidas contra la COVID-19 se deberían intensificar, tanto a los ciudadanos cubanos como a los visitantes extranjeros. No creo que sea casualidad que las provincias más afectadas sean las que tienen polos turísticos abiertos.

» Por otra parte, en cuanto a la estabilidad económica me siento incapaz de responder a esta pregunta. Sé que hacen falta cambios, las carencias son visibles. Sufrimos día a día la escasez de todo tipo de productos. Pero sería osado de mi parte responder qué soluciones económicas necesita Cuba.

» En cuanto a lo político y social, estoy convencido de que la solución no puede ser la confrontación. El 11J demostró que esto es un país muy heterogéneo. La Asamblea Nacional no puede ser unánime cuando el país no lo es. Es imprescindible hacer un llamado al diálogo nacional. Servir una mesa de conversaciones y no poner un pie de guerra. Un diálogo que tiene que ser abierto e inclusivo, donde se representen todos los sectores sociales, todos los sectores de la vida política nacional, incluso, la vida política que se desarrolla en las más oscuras penumbras. Liberales, conservadores, las iglesias, socialdemócratas, reformistas, gente de pueblo, representantes del PCC, MSI, UNPACU, 27N. Todas las esferas de la vida política tienen que estar allí. No hay solución posible si se sigue reprimiendo y negando a los grupos opositores.

» En estos días se han repetido varias consignas. “La calle es de los revolucionarios” fue una de ellas. ¡No! La calle debería ser de todos los cubanos, las manifestaciones son un derecho ciudadano, no un privilegio del que solo pueden disfrutar los seguidores del gobierno. La voluntad de buscar soluciones tiene que partir del reconocimiento a todos los cubanos sin distinguir ideologías. No se gobierna para los seguidores de una idea, se gobierna para todo un país.

» Ahora mismo en Cuba hay paz nuevamente. Pienso que las vías para conseguirlas no son las más válidas. No hay paz posible con centenares de manifestantes detenidos. No reconocer a toda esa gente es que en el futuro haya otros 11J. La gente no solo pedía comida, luz eléctrica, médicos y aseo. También se pedían cambios políticos.

» En conclusión, la solución al problema político radica en escuchar y atender las propuestas de todos los grupos de la sociedad civil. Un diálogo de verdad, no una reunión donde solo estén los miembros de organizaciones gubernamentales. El 27N y el 11J han sido dos oportunidades perdidas para abrir ese diálogo de entendimiento y reconciliación nacional. El descontento popular no se erradica a base de palos.»

Ernesto Teuma Taureaux: «Vuelvo a las tres condicionantes que refería al principio porque creo que las soluciones pasan por resolver el nudo gordiano de esa intersección.

» En primer lugar, necesitamos, dentro de nuestras posibilidades y a partir de los aprendizajes de estos 63 años, lidiar con el bloqueo. Lidiar con el bloqueo no significa cejar en el empeño internacional de que se le ponga fin, sino en diseñar soluciones donde lo decisivo seamos nosotros mismos, lo que implicaría llevar a cabo una revisión de las inversiones, las políticas económicas y el ritmo de las reformas en curso. Existe en Cuba un consenso sobre este proceso de reformas recogido en los Lineamientos del 6to Congreso del Partido. Reformas que, dicho sea de paso, se han aplazado demasiado. Y dentro de los lineamentos, las coyunturas más recientes han mostrado la necesidad de ciertos énfasis: la soberanía alimentaria y la producción local de alimentos, las energías renovables, la ciencia y la innovación, que son motores económicos menos frágiles y dependientes de flujos externos que el turismo, en el cual se han cifrado esperanzas desmedidas. Retomar el camino de la actualización también implica poner atención a las desigualdades que se han multiplicado en este proceso y al desarrollo de formas de economía social y solidaria que permitan enfrentar estas situaciones con un mínimo de asistencialismo. El desarrollo de las cooperativas, y me refiero a verdaderas cooperativas y no empresas privadas con disfraz, debería ser potenciado: los principios del cooperativismo tienen una afinidad mayor con el acumulado cultural socialista y permitiría ensayar formas de autogestión y participación que podrían trasvasarse a las empresas estatales. En resumen, reformas que amplíen el margen de maniobra dentro de las restricciones económicas internas y permitan reconectar el socialismo con la reproducción de la vida en todos sus órdenes, con los cuidados y con la satisfacción de las necesidades materiales de la gente común, y que logre repensar también la manera en que se producen esas necesidades, en que se deciden entre todos y en que se produce para todos con eficiencia y equidad.

» Por supuesto que la magnitud de las reformas implicaría un cambio descomunal, apenas esbozado en la Constitución del 2019 y todavía pendiente de hacerse ley en el cronograma legislativo. La concreción acelerada del marco jurídico de un Estado socialista de derecho y justicia social debería ser también una prioridad. Un cuerpo legal que enfatice en su diseño la participación, la transparencia, la inclusión, la fiscalización, el control popular, la descentralización, el margen del disenso y la crítica y la búsqueda de un consenso activo nos acercaría a la aspiración de una administración pública eficiente que, junto al respeto por las leyes se convertiría en fuente de legitimidad para el Estado: que las leyes se cumplan y que las instituciones funcionen de acuerdo a ellas. Pero superar esa insuficiencia institucional, más allá de las leyes, requeriría un cambio cultural y una agitación política para enfrentar el burocratismo y sus prácticas, dentro de las instituciones económicas y políticas. Y, más allá de lo estatal, porque se ha agotado históricamente un modelo de socialismo basado en el Estado, experimentar con formas de lo público, de lo común, fomentar y reconocer un tejido asociativo desde abajo, que podemos cifrar en la consigna de Poder Popular: consejos de vecinos, asociaciones de distinto tipo, organizaciones populares locales. Debemos reconstruir un tejido social comunitario e institucional que politice a los sujetos populares al ponerlos a decidir y organizarse para su vida cotidiana, para que ejerzan el protagonismo popular necesario a una democracia socialista. Esto es, un socialismo pluricéntrico, que supere el unicentrismo del Estado y lleve a la conformación de una sociedad civil socialista de nuevo tipo, de un espacio de autonomía que consolide la hegemonía de las fuerzas revolucionarias.

» El despliegue de esas reformas ya consensuadas y la reconstrucción de la institucionalidad deberán, al menos para mí, ser pensados dentro de ese gran horizonte de la emancipación que es el comunismo. El gran cambio cultural que se emprende en una transición socialista implica un liderazgo a la altura de esa transformación y, en el caso cubano, su núcleo duro es la cuestión del Partido. En el sentido de la organización, del Partido Comunista de Cuba, un Partido que se parezca a la sociedad que queremos construir, una fuerza consciente de sus fines y propósitos, un intelectual colectivo, laboratorio político-cultural, educador popular. Pero en un sentido más amplio que la organización, que sus estatutos y sus miembros, es el Partido como un proyecto que moviliza tanto una imagen de futuro (una sociedad emancipada la opresión, dominación y explotación) como la imagen de un “nosotros”, los que con sus manos diversas construyen y luchan por esa sociedad. La fidelidad al proyecto, implica una tensión con el poder que se tiene para realizarlo, implica la crítica constante al poder desde el proyecto, la búsqueda de superarlo, de avanzar en la democracia socialista, en la transformación de la sociedad desde el protagonismo de los más humildes, de educarnos en la emancipación, en un salto tremendo de la cultura y la conciencia, que dote de sentidos de vida. Se trata, ni más ni menos de revolucionar la Revolución, con urgencia.»

NOTAS

[1] Especialista en la Red en Defensa de la Humanidad y miembro del consejo editorial de La Tizza.

[2] Estudiante de quinto año de la Licenciatura en Geografía en la Universidad de La Habana

[3] Periodista e investigadora social cubana radicada en España.

[4] Estudiante de cuarto año de la Licenciatura en Periodismo de la Universidad de La Habana

[5] Trabajador de Casa de las Américas y miembro del consejo editorial de La Tizza.

Publicado en La Tizza de Cuba

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